—Sí. —Le pellizqué el trasero.
—No despiertes el toro cariño.
Nos besamos, luego nos arreglamos y llegué a la cocina para ver que preparo de desayuno, no hay casi nada de utensilios.
—El desayuno ya lo compramos.
Dijo Patricia, mi cuñada menor, mi suegra estaba en la isla de la cocina, había café y pan.
—Buenos días. —hablé en general.
—Esto es el desayuno del niño. —dijo la señora Josefina.
—Gracias. ¿Amor? —miré la hora, tenemos tiempo.
—Gladis después de desayunar hazte la pueda de embarazo