A las doce las familias nos abrazamos, no he parado de llorar, este embarazo me puso llorona, Augusto me tiene toda revuelta, me duele la cadera, pero no quiero dañar este momento tan especial, mi Bestia besaba a Isaac, qué se había quedado dormido, él ya había guardado el montón de regalos que nos entregamos, sin mentir eran como diez por persona y el niño recibió muchos más, de nuestra parte eran como seis regalos. Lo cierto era que era precioso este compartir.
—Amor, ayúdame a levantar, quie