Ahora se enojó y se dirigió a la fiesta, cuando pasó por mi lado la detuve, me gusta tenerla cerca, huele delicioso. Vi que estaba llorando.
—Creí haberte dicho que yo no merezco tus lágrimas, tus ojos son bastante bonitos como para que lloren. —Su labio templó—. Deja de bailar con idiotas y sé más colectiva, besé su cabello y me retiré. Ingresé a la casa por la cocina, al hacerlo el Patrón salía de su despacho.
—Por esa cara una mexicana siguió amargándote la noche.
—¿Usted también me la va a