El llanto de Andrea por comida nos despertó. En dos meses cumplen su primer año, una semana antes de nuestra boda por la iglesia. Hace un par de semanas dejaron el seno y menos mal, ya era hora que ese par de melones regresaran a su dueño, giré a mi Pelinegra, le mordí la teta.
—No hagas eso, amor. —dijo entre dormida—. Te toca darle tetero a la niña. —Nos turnábamos, un día ella, un día yo.
—¿Y después que me das a mí?
Su mano se dirigió a mi verga y la masajeó, esta es la ventaja de estar