Cada acercamiento con él parecía prácticamente imposible, en estos días apenas había logrado que me dirigiera la palabra y cuando lo hacía era por necesidad o para lo básico como: ¡Hice la cena! , ¡hoy cocinas tú! O ¿Dónde puedo tomar una toalla limpia?. Lejos de lo que pudiese imaginar o de lo que me hubiese gustado lo único que había conocido de él era que le gustaba salir por una o dos horas casi a diario; aunque nunca regresaba después de que anocheciera.
Supongo que esa actitud hostil es n