“Donde el alma vibra, ahí es.”
—Joel Montero.
Max:
Mis ojos se mantenían muy abiertos, expectantes, incrédulos a tal punto que se negaban a parpadear por temor a que lo que observaban solo fuera producto de mi imaginación o simplemente mi mente jugándome una muy mala pasada. Pero no era así, lo supe en el momento que los ojos de la rubia se posaban en ella abriéndolos como botones o más específicamente cuando de su boca salió un chillido ensordecedor que aumentaba las punzadas de mi cabeza. Pero