Parte 2

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      Cecilia, cenaba en su casa junto a su padre cuyo  nombre era augusto y su hermano quien llevaba por nombre Lucas; el padre de Cecilia, era un hombre fuerte, a pesar de estar avanzado en edad. Estaba jubilado y tenía por hobby cazar, la joven había heredado sus ojos. El hermano de la chica, era bastante alto tenia 23 años de edad, practicaba futbol en la universidad, en la que también estudiaba ciencias políticas; y además del futbol, tenía un segundo hobbies que compartía con su padre y era cazar. Los tres comían en silencio. Desde que su madre había sido asesinada por unos asaltantes armados, tras robarles su vehículo, hacía 6 meses no se hablaba en ninguna de las tres comidas y, al terminar cada quien se iba a hacer sus cosas, la unión que tenían se había desvanecido con la muerte de la esposa y madre de aquella familia.

     Sin embargo, aquella ocasión Augusto, padre de cecilia; rompió con el silencio, cuando dejando sus cubiertos les expresó  a sus hijos:

— Necesito preguntarles algo—inicio, miró a la chica y luego al chico— ¿Creen que sea muy pronto para que piense en una nueva pareja?.

— ¿Nueva pareja?—preguntaron los dos chicos.

— Si, es que bueno tengo también mis necesidades...

— Está bien papá— no expliques tus necesidades—lo interrumpió de inmediato Cecilia, algo sonrojada. 

       Su hermano la miró y sonrió, y la chica movió la cabeza y exclamó:

— ¡Cielos!—miro a su hermano quien sonreía, y luego a su padre y agregó—talvez, padre te sientes inseguro de dar ese paso, porque sólo han pasado 6 meses. Sin embargo, eres lo bastante maduro como para decidir ese tipo de cosas y...

— Aunque a la pequeña ceci, no le gusta que le comentes de tus necesidades—la interrumpió Lucas y continuó—creo que Ni ella ni yo nos opondremos, ¿cierto hermanita?—pregunto con una sonrisa a Cecilia.

— Si—asintió la chica—pero, si vas a estar con la mujer que elijas, no la traigas a casa, eso sí sería muy pronto—terminó la joven.

— Está bien hija.

       

       Aceptó su padre sonriendo a Cecilia, esta le devolvió la sonrisa, luego volteo donde estaba su hijo y le informó:

— Dentro de dos semanas podremos ir a cazar. German, me dijo el otro día que se había topado con las extrañas criaturas nuevamente, y que, tuvo que gastar cuatro balas para poderlo matar.

— Genial—contestó Lucas.

     Mientras su hermano y su padre hablaban de la cacería; Cecilia, tomó los platos de la cena de cada uno y los vasos y fue a lavarlos a la cocina. Al terminar de hablar con su papá. Lucas, subió a su habitación sin decir nada.  Su padre por otro lado fue hacia la cocina y mientras la joven iba por el primer vaso, este se sentó en el desayunador y le preguntó:

— ¿Qué tal la escuela hoy hija?

— Bien—contestó la chica sin voltear, colocando el vaso lavado sobre una rejilla—el profesor del tercer periodo no fue al parecer  está enfermo—así que fui al parque, a leer un rato.

— ¡Ah! Muy bien—el hombre miro la espalda de su hija, su cabellos castaño le hacía recordar al de su fallecida esposa—dime una cosa ceci, ¿Aún te obsesionan los dragones?.

       La chica sonrió volteando para encontrarse con sus mismos ojos grises y con las manos aún sobre el lavaplatos y suspendiendo en estas unos cubiertos que goteaban agua enjabonada contestó 

— No es que me obsesionen, solo me gusta saber sobre esas criaturas, pero estoy consciente de que no son reales, papá  

— Si, así es de todos modos no está demás decirte, que tengas cuidado cuando andes por el parque—añadió  misterioso el hombre

— ¿Porqué?—lo miró  la joven confundida.

— Las personas, no son lo que parecen ser, a veces— le respondió Augusto serio—se que te cuidarás mi pequeña—agregó con tono más cantarino— y en cuanto a lo de la pareja, yo también seré precavido, además de cumplir con lo que pediste—se levantó  de la mesa, Cecilia se dio vuelta al colocar los cubiertos en la rejilla y el hombre besó la frente de su hija y le dijo—que tengas una linda noche, te quiero Ceci, 

Igualmente papá—el reflejo de uno en los ojos del otro parecían gemelos—descansa- puntualizó  la chica.

   Su padre se alejo de ella para ir a la puerta de la cocina, le sonrió y desapareció  tras esta.  Cecilia terminó de lavar los platos, los guardó y apagó las luces. Antes de subir a su habitación, verificó que la puerta estuviera cerrada y, al comprobarlo subió. Se tumbó en la cama un rato y pensó en su padre, en lo sólo que se debía de sentir; podía entenderlo, pero que habría querido decir con eso de que las personas no son lo que parecen. Dejó de pensar en las locuras de su padre y se levantó acercándose a su bolso de la escuela, Cecilia  ya iba en el último  año del bachillerato, pronto se graduaría eso la ponía contenta. La joven tomó sus cuadernos e hizo sus deberes y al terminar a eso de las 10 de la noche, se acostó a dormir.

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