Yorick no había vivido la vida de un humano después de esconderse durante tantos años. Antes había sido un hombre excepcional, pero ahora vivía en la pobreza.
Extrañaba aquellos días en los que era un hombre exitoso y prestigioso, y se arrepentía de aquello en innumerables noches.
Pero era inútil arrepentirse de algo ahora.
Pensó que todo lo que le había sucedido era el resultado de la codicia insaciable de su madre.
“Papá, ¿por qué regañas a la abuela? Es evidente que esto no es culpa de la