Era como si Daisie hubiera bebido mucho champán. Si fuera vino tinto, ya estaría borracha.
Su cabeza daba vueltas y sus mejillas se sentían calientes para cuando salió del banquete.
Cuando Mitchell se iba, se detuvo un momento y la siguió.
Daisie llegó al estacionamiento, y había un Cayenne plateado esperándola.
Mitchell podía sentir que el hombre que venía a recogerla tenía que ser el que la apoyaba desde las sombras.
Se apresuró a dar unos pasos rápidos para alcanzar a Daisie y la agarró