Mundo ficciónIniciar sesiónNuestras bocas se encuentran de nuevo, ardientes y desesperadas en un beso abrasador, más caliente y frenético que el anterior.
Su polla aún dentro de los vaqueros presiona con fuerza contra mi centro. La tela áspera frotándose contra mi coño me está volviendo loca de hambre pura. Necesito sentirla desnuda y caliente contra mí.
Le doy un toque en el hombro y él, sin decir nada, me baja. Ahora de pie y dominada por el deseo, tiro de la cintura de sus pantalones para animarlo a quitárselos.
Kole hace lo que quiero: desliza los vaqueros por sus fuertes muslos. Me lamo los labios secos y me echo un poco hacia atrás para contemplar su polla a través de los calzoncillos color crema.
La marca de su verga parece irreal. Ningún hombre debería ser tan grande. Ningún hombre debería… Extiendo la mano y toco el grueso miembro por encima de la tela. La polla caliente da un respingo bajo mi contacto y el precum empieza a filtrarse por donde está el glande.
Me concentro en ese punto, extendiendo la mancha húmeda de precum sobre la cabeza.
—Joder… mmmhh —gime Kole en voz alta. Yo le sonrío con suficiencia antes de llevar mis dedos manchados de precum a la boca para probarlo.
—Anna… —dice él, con los ojos cada vez más oscuros.
—¿Mmm? —pregunto yo, metiendo y sacando los dedos con lentitud deliberada.
—Ponte de rodillas y chúpamela —ordena casi gruñendo mientras su polla se sacude otra vez. Quiero replicar y ser respondona, pero no lo hago…
En realidad deseo con todas mis fuerzas tener su polla en la boca.
El sabor que tenía en los dedos no le hace justicia…
Esa polla gruesa sabría aún mejor dentro de mi boca…
Me arrodillo despacio frente a él y presiono mi cara contra la mancha húmeda de precum. Huele tan masculino y almizclado ahí abajo.
Con la boca busco sus huevos y los chupo todo lo profundo que puedo a través de los calzoncillos. Mi saliva deja más manchas sobre las que ya había dejado su precum.
—Joder… estás loca… estás completamente loca —gime él. Yo le sonrío como una gata satisfecha, acaricio su polla por encima de la tela y luego se la bajo por las piernas fuertes.
Su cuerpo me impresiona tanto que me imagino montando su muslo carnoso y corriéndome encima, pintándolo con mis jugos.
Su polla se balancea arriba y abajo frente a mi cara. El enorme glande derrama precum sobre mi mejilla. Su tamaño es mayor que cualquier cosa que haya visto antes.
La rodeo con la mano. Es gruesa, con una cabeza bulbosa. La punta está de un rojo furioso, necesitada de alivio después de haber estado dura tanto tiempo.
—¿Por qué es tan grande…? —pregunto, acercándome para envolverla experimentalmente con mis labios.
—Mmm —gimo profundamente. La carne caliente en mi boca se siente perfecta.
La saco y vuelvo a metérmela, dejando que el glande se arrastre por mi lengua.
—Anna… —llama Kole mi nombre y empuja las caderas hacia delante, haciendo que la polla descienda por mi boca y golpee el fondo de mi garganta.
Me coloco mejor de rodillas para poder acariciarme el clítoris mientras lamo su preciosa polla, esa enorme verga que parece hecha especialmente para mí.
Hago círculos con la lengua alrededor del glande y cierro los labios solo sobre la cabeza, dedicándole toda mi atención al precum que gotea, a ese sabor adictivamente delicioso.
Kole mete la mano en mi cabello y me levanta.
—Deja de jugar conmigo —sisea, me da la vuelta y me empuja hasta que mis tetas quedan pegadas contra la pared fría.
El frío de la pared contra mis tetas desnudas no hace nada por calmar el fuego que arde en mi interior, un calor que se ha intensificado con su demostración de fuerza y dominio.
Abro las piernas para él, sin saber qué esperar pero dispuesta a recibirlo todo. Siento la punta de su polla deslizarse arriba y abajo por mis labios hinchados, jugando conmigo.
—Kole… —jadeo, impaciente y necesitando que me folle.
—¿Mmm? ¿Tú puedes jugar conmigo y yo no tengo mi turno? —pregunta mientras me separa las nalgas y escupe en mi raja.
Gimo por lo sucio de nuestros actos.
—¿Tu coño sabe tan bien como se ve? —pregunta Kole, dándome una palmada en el culo. El escozor de su mano hace que arquee la espalda.
—Dime a qué sabe —dice, metiendo los dedos en mi coño y abriéndolos en tijera.
—Ah… ah… —mis palabras salen convertidas en gemidos indefensos.
Sus dedos dentro de mi coño se sienten ardientes y demasiado buenos para ser reales.
—¿Mmm? ¿A qué sabe, nena? ¿Debería comerte el coño? ¿Te lo mereces? —pregunta, acercándose más hasta pegar mi espalda contra su pecho.
Su polla presiona contra la base de mi columna, dejando una mezcla celestial de mi propia saliva y su precum. Desliza la mano hacia delante, acaricia mis grandes tetas y juega con mis piercings. Tener mis sensibles pezones entre sus manos hace que mi coño palpite de deseo.
—Cómelo… cómete mi coño —suplico, sintiendo cómo mis jugos resbalan por mi muslo. Nunca había chorreado tanto en toda mi vida. Con un apretón en mi teta, gimo y cierro los ojos.
Kole se arrodilla detrás de mí y me separa las piernas para tener mejor acceso a mi coño. Presiona un beso suave sobre mis labios vaginales y casi me corro en el acto. Continúa, sacando su larga lengua y hundiéndola dentro de mí.
Me contraigo alrededor de esa lengua fuerte y él lame arriba y abajo con maestría.
—Ohhh… —grito cuando su lengua se hunde aún más profundo. Su saliva y mis jugos facilitan el deslizamiento mientras me folla profundamente con la lengua.
—Ugh… voy a… joder —grito mientras mi vientre se tensa y todo se vuelve blanco. Me corro en su lengua con un gemido que suena irreal incluso para mis propios oídos.
—Tu cuerpo sabe que yo tengo el control… mírate, corriéndote en minutos —se burla él. Yo estiro la mano para tocar su polla.
—Déjame devolverte el favor —le digo, confiada a pesar de que mis piernas tiemblan.







