15. La verdad oculta del Alfa
Era de mañana cuando Andara abrió los ojos. Estaba en su dormitorio, en su cama. Se sentó asustada, inmersa en la última imagen que tenía en su mente, la del lobo sobre ella. Se dio cuenta de que no había peligro alguno a su alrededor. Se revisó la cabeza, el lugar en donde se supone habría marcas del golpe. Sin embargo, no había nada allí. Se destapó y revisó su cuerpo, pero no había huellas de forcejeos o roces con las ramas que le rasgaron la piel.
- No entiendo, ¿por qué no tengo ninguna h