Fue entonces que mis hijos se casaron casi en simultáneo, prácticamente en forma inopinada. Eso me sorprendió mucho porque yo aún los recordaba a los dos pequeñitos con sus mandilitos, yendo al colegio, caminando como patitos rechonchos, bien aferrados a a mis manos, nerviosos pero ansiosos de conocer a sus nuevos amiguitos. El tiempo había avanzado incontrolable y veloz, y ahora ellos se casaban, dejándome, literalmente, estupefacta aunque feliz por la dicha de mis vástagos.
Jeremy