Ordené que le sirvieran limonada fresca a mi inopinado visitante porque, ya les digo, hacía muchísimo calor. El verano estaba implacable en esa temporada. Mis hijos dormían apaciblemente la siesta, a pierna suelta en sus dormitorios. -Tienes dos sobrinos muy lindos-, le mostré las fotos de Brenda y de Jeremy en mi móvil.
El sujeto ese se encandiló de mi prole. -Sus hijos son hermosos, señora Monroe-, asintió con la cabeza.
El tipo se tomó la limonada en tan solo dos tragos. -Vance me