Capítulo 128

Lo mordí mil veces en los brazos y me aferré a su espalda con mis uñas grandes, abriéndole surcos en sus músculos y sus bíceps, haciéndole chorrear hilos de sangre que a él ni le importó porque Vance estaba obsesionado en hacerme suya, en llegar a las distancias más lejanas de mis entrañas y conquistar hasta las últimas fronteras de mi feminidad.

Yo quedé boquiabierta y perpleja, con mis ojos desorbitados, delirando cuando él llegó al techo máximo de mi sensualidad. Fue algo poético, román
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