Ordené a mi chef los platos más deliciosos de su talentosa mano, también una música adecuada y que me pusieran luces tenues, agradables y acogedoras, muy románticas, para darle un aire poético y encantador a la velada. Roy Vance quedó admirado del ambiente idílico y adecuado cuando llegó a mi propiedad en su auto de lujo. Él no era tonto, sabía que mi interés era impresionarlo y, por supuesto, seducirlo. Ya se había dado cuenta de mis intenciones.
La pasamos de maravillas, sin embargo. Re