Los numerosos guardaespaldas se quedaron inmóviles, mirándose los unos a otros con cierta duda.
Diez millones de dólares era mucho dinero.
Pero primero tendrían que sobrevivir para poder reclamarlos.
¿No habían visto cómo acabaron esos tres hombres? Murieron sin dejar rastro alguno.
Óscar, al ver esto, se enfureció y gritó con rabia: —¡Adelante, son una parranda de inútiles! ¡Al final del día, él es solo una persona!
—¡Cincuenta millones de dólares! ¡Quien lo mate recibirá la suma de cincuenta m