Dentro del coche.
Las dos mujeres estaban cubiertas por completo de sangre e inmóviles.
En ese preciso momento, tres hombres con trajes y cascos forzaron la puerta del coche. Uno de ellos exclamó muy sorprendido: —Vaya, tienen suerte de estar vivas después de esto.
—¿Qué hacemos ahora? ¿Las matamos? —preguntó otro con voz bastante grave.
—No—dijo el líder de los hombres, sacudiendo la cabeza. —Llevemos a Marta de regreso y dejemos que el jefe decida qué hacer.
Media hora después, los hombres de