—¿Juan, crees que tienes derecho alguno a hablar aquí? —Clarisa dijo con desprecio.
—¿Quién te crees que eres? Solo eres un miserable parásito que vive de otros, ¡ni siquiera tienes derecho a estar en un lugar tan importante como este!
—Exactamente, si no fuera por esa desvergonzada, este bueno para nada no tendría ninguna posibilidad de entrar aquí.
Los miembros de la familia Abarca lanzaron miradas de desprecio hacia Juan, despreciándolo sin dar marcha atrás.
Quirino, en cambio, mantenía la ca