La cercanía entre ellos era tal que el aliento cálido de Celeste rozaba la cara de Juan, provocándole una sensación de cosquilleo.
Además, sus delicados dedos dibujaban círculos sobre el pecho de Juan, como si estuvieran despertando un torbellino en su interior, haciéndolo temblar por dentro.
Juan había pasado muchos años entrenando en la montaña, lejos de cualquier tentación, y nunca se había visto en una situación semejante.
Justo cuando sentía que estaba perdiendo el control, Celeste, de repe