—¡Si no quieren morir, aléjense de inmediato! —gritó un joven con traje, y con una expresión siniestra, señalando un rincón muy cercano.
En un instante, todos comenzaron a empujarse y a amontonarse directo hacia el rincón, muy temerosos de verse involucrados.
Marta permaneció inmóvil, dejándose arrastrar en ese momento por la multitud, con sus ojos llenos de lágrimas mirando fijamente a Juan.
¿Acaso, tú eres tú, Pierdrita?
Mordió sus labios con fuerza, deseando acercarse y quitarle la máscara de