—Gracias, muchas gracias. Celeste no podía estar más satisfecha y, emocionada, agradecía repetidamente.
No esperaba que alguien tan respetado como el Rey del Fuego fuera tan amable y accesible con ella.
El Rey del Fuego lanzó una última mirada a Juan, y al ver que este no mostraba ninguna emoción, dejó escapar un suspiro de alivio. Luego, se giró hacia Adelio y dijo: —Me tengo que ir. No hace falta que me acompañen.
Sin perder tiempo, se dio la vuelta, deseando poder salir corriendo lo más ráp