Mirando a Tiberio, que parecía al borde de la desesperación total, Anabel rompió a llorar, sin poder contener las lágrimas que caían sin cesar por su rostro.
Con los ojos enrojecidos, exclamó con rabia: —Todos ustedes son tan egoístas. Algunos solo piensan en salvarse, otros se preocupan únicamente por sus propios intereses, y muchos ni siquiera se molestan si no les afecta directamente.
—En esta época que parece ser tan pacífica en la superficie, ¿de dónde creen que proviene esa paz? Es gracias