Al escuchar las palabras de consuelo de Juan, Celeste esbozó una dulce sonrisa.
Sin embargo, después de dudar un instante, sacó apresurado su teléfono y envió un mensaje de texto.
Dos horas más tarde, ya cerca del mediodía, el grupo finalmente llegó puntual al campamento militar de Villa del Solís.
Celeste, con un tono de advertencia, le dijo: —Juan, cuando entremos, por favor no digas nada inapropiado. Intenta no provocar a Lizardo. Deja que yo me encargue de todo.
Juan sonrió, aunque su sonris