—¡Chico, mi padre es Lizardo, por lo tanto, no puedes tocarme! —Francisco seguía lanzando furiosas amenazas, incluso en esa situación desesperada.
Juan lo miró desde arriba y respondió con frialdad:
—No me importa si tu padre es un general o incluso el mismo rey, nadie puede intimidar a alguien cercano a mí, le grito enfurecido Juan.
Al escuchar esto, Celeste no pudo evitar esbozar una sonrisa, sintiendo una cálida protección que no había experimentado en años.
Juan continuó:
—Ahora te doy una o