Al escuchar las palabras de Celeste, los demás también miraron a Juan con gran curiosidad.
Juan esbozó una sonrisa algo misteriosa y dijo: —Tengo mis métodos.
Poco después de que Francisco se marchara, Celeste recibió una inesperada llamada telefónica.
Con una expresión seria en el rostro, miró la pantalla y dijo: —Es el comandante Lizardo de Villa del Solís, parece que Francisco fue a quejarse con él.
—Contesta, —dijo Juan sin titubear.
Celeste respiró hondo y finalmente respondió la llamada.
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