Marta, temblando de miedo, afirmó de inmediato.
—No te creo. Tú me llevarás, vamos a ver por nosotros mismos— dijo la Madre Serpiente, mientras su rostro cambiaba de expresión varias veces antes de agarrar con fuerza el hombro de Marta, clavando asi sus enormes uñas en su piel.
Ignorando los lamentos de dolor de Marta, la levantó sin mayor esfuerzo y de un solo salto cruzó los más de diez metros del río subterráneo, dirigiéndose directo al fondo del abismo.
En poco tiempo, Marta la llevó al luga