Al ver el estado crítico de Juan, el corazón de Marta se hundió por completo.
En ese momento, el pánico la invadió, pero más que nada sentía un miedo profundo.
Había tardado tanto en encontrar a su hermano Pierdrita, ¿cómo podría aceptar perderlo ahora?
—¿Qué hago?, ¿qué hago? —murmuraba, mordiéndose los labios con mucha fuerza, sin saber qué hacer.
Justo entonces, sonó la alarma de su teléfono. Marta, como si despertara de un largo sueño, tomó el teléfono temblorosa y dijo: —¡Es cierto! Puedo l