En una habitación oscura y húmeda.
Marta despertó lentamente de su desmayo, solo para darse cuenta de que sus extremidades estaban fuertemente atadas y su boca estaba amordazada por completo.
Esbozó una amarga sonrisa, comprendiendo de inmediato lo que había sucedido, ya que no era la primera vez que le pasaba algo así.
Solo recordaba que planeaba ir al Panteón de los Ángeles para ver a su hermano Pierdrita, pero en el estacionamiento subterráneo alguien la había agarrado por detrás, cubriéndole