La amenaza de Juan hizo que las expresiones de David y de los demás se quedaran congeladas de inmediato.
Cristina, aunque tenía muchas ganas de soltar alguna respuesta corrosiva, se quedó en silencio por un momento, cubriéndose la boca con las manos. Sabía que Juan no estaba bromeando para nada, y si lo enfurecían realmente, las consecuencias podrían ser muy desastrosas.
Aunque Flavio no le tenía miedo a Juan, tampoco quería que la situación se complicara aún más. Con una mirada de desprecio, de