Juan arrugó el ceño y miró hacia atrás, solo para ver a cuatro personas que salían con aires de superioridad de una taberna cercana. Al frente iban David, Cristina y Miguel, seguidos de cerca por un joven corpulento.
—Vámonos— dijo Juan, sin ganas de perder el tiempo con ellos, mientras miraba de reojo a Rocío y se disponía a marcharse.
Sin embargo, Flavio se adelantó y le bloqueó al instante el paso con una enorme expresión desafiante en su rostro. —¿Tú eres Juan? —preguntó algo curioso.
—¿Y tú