Después de que Diego y Juan se bajaran del auto, un hombre calvo con una deslumbrante cadena de oro alrededor del cuello se les acercó apresurado: —Diego, su presencia en Santa Clara del Valle realmente honra este lugar tan humilde.
—Jairo, no es para tanto. Esta vez hemos venido sin invitación alguna y tendremos que molestarte un poco— respondió Diego con una leve sonrisa.
Desde atrás, Patricia le susurró a Juan para presentarle: —Juan, este es Jairo, el hombre más rico de Santa Clara del Valle