Con las palabras del presentador, la atmósfera en la sala de subastas se volvió en ese momento frenética.
¡Ofrezco veintiún millones de dólares!
¡Ofrezco veintidós millones de dólares!
¡Ofrezco veinticinco millones de dólares!
En un abrir y cerrar de ojos, muchos de los grandes personajes presentes empezaron a pujar, temerosos de que el objeto cayera preciso en manos de otros.
Dentro de la habitación número 3, Luis se preparaba para hacer una oferta.
—No te apresures por eso.
Juan levantó la man