En ese instante, los ojos de Pascual estaban enardecidos, reflejando un miedo extremo. A su lado, Aníbal, aterrorizado, se desplomó en el suelo, con el rostro lleno de un terror abrumador.
El maestro que la familia Ortiz había contratado, el eminente discípulo del patriarca, ¡había muerto! Y lo más increíble era que había sido asesinado de un solo golpe por Juan.
Esto era más increíble que una simple alucinación, algo que Aníbal no podía aceptar. Para él, Juan no era más que una insignificante h