En la superficie del granito, tan duro como el hierro, apareció de repente una enorme huella de mano.
La marca de la palma estaba claramente impresa en la piedra.
—¿Cómo es posible?
En ese instante, tanto Diego como Patricia abrieron los ojos de manera desmesurada, mirando la escena con una mezcla de asombro y conmoción.
Feliciano había dejado una huella en la mesa de piedra con solo colocar su mano, lo cual requería una inmensa fuerza interna.
Todos los presentes estaban sorprendidos por la esc