Frente a la barandilla en el segundo piso del suntuoso club de boxeo.
Ciro abrazaba a una mujer vestida de manera provocativa, mirando con desprecio la escena que se desarrollaba abajo.
—¡Peleador número uno, ¿acaso no has comido?! ¡Golpea con fuerza, dale con todo, sería mejor que mataras al peleador número nueve!
Ciro gritaba insultos mientras sus manos se deslizaban lascivamente hacia el pecho de la mujer.
Tal vez aplicó demasiada fuerza, porque la mujer soltó un grito de dolor.
—¡Pah...!
Cir