—¡Esto es demasiado para mí!
Abelardo, con la mano en la cara, gritó furioso: —¡Venid, rápido!
Al momento, un grupo de guardaespaldas de los Díaz entró a la habitación, fuertemente armados y con una gran expresión de crueldad.
Abelardo señaló a Juan, con fuerte mirada llena de rabia: —¡Acabad con este tipo!
—¡Sí, señor!
Los guardaespaldas de los Díaz, sin pronunciar palabra más, se lanzaron furiosos contra Juan.
Sin embargo, tan pronto como se acercaron a Juan, fueron lanzados por los aires por