Marta, vestida de luto, con los ojos hinchados y enrojecidos, recibía a cada una de las personas que venían a presentar sus condolencias.
Juan estaba a su lado, cumpliendo la promesa que le había hecho a Antonio.
En ese preciso momento, se escuchó la voz entrecortada del maestro de ceremonias del funeral: —¡Ha llegado la familia Ortiz!
De inmediato, el bullicio se transformó en un silencio sepulcral.
¡La familia Ortiz!
La primera familia de Crestavalle.
Bajo la mirada de todos, un joven apuesto,