Juan no pudo evitar toser y dijo: —¿Puedes repetir eso? ¿A quién has contratado para tratar a mi abuelo?
Abelardo lo miró de reojo con desprecio y respondió con gran impaciencia: —Escucha bien, he contratado al maestro curandero.
—En fin, ¿por qué pierdo el tiempo hablando de esto contigo? Gente como tú ni siquiera puede imaginar a personas de ese alto nivel.
Él desde que habia entrado, no había prestado ninguna atención a Juan. Para él, este joven tal vez era solo el nuevo guardaespaldas de Mar