Justo después de decir estas palabras, recibió un fuerte bofetón de Carlos en la cara:
—¡Deja de joder conmigo!
—Dinero, no me falta. Lo que quiero es puramente una cuestión de prestigio.
—Hoy dejo claro mi posición. Si quieren que los perdone, también es posible.
Extendió un dedo hacia Juan y, con los dientes apretados, dijo:
—En primer lugar, ¡este chico tiene que arrodillarse y darme dieciocho cabezas!
Luego miró a Laura con ojos codiciosos:
—En segundo lugar, quiero que tu hija pase la no