En ese preciso momento, el Sable del Juicio se dirigió hacia el último de los que huían por fuera de la puerta de la ciudad, atravesándole la espalda con la punta de la hoja, que salió disparado por su pecho.
Ambos enemigos cayeron muertos al instante.
En cuanto al fornido hombre de constitución robusta, Juan, al notar que había cruzado al interior de la ciudad desde la puerta trasera, decidió no perseguirlo, aunque dejó una pequeña fracción de su Percepción espiritual adherida a él.
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