Poco después, llegaron al borde de un abismo profundo.
—¡Muchacho, salta! —le insistió Elías, con tono firme.
Juan observó el abismo que se extendía ante él, sin un fondo visible. Extendió su percepción hacia el vacío, y enseguida se dio cuenta de que el aire estaba lleno por completo de restricciones: algunas prohibían volar, otras impedían el uso de energía vital, y algunas más bloqueaban cualquier tipo de percepción. Había de todo.
Con una expresión algo preocupada, Juan dijo:
—Anciano, soy s