En ese momento, Elías dejó de prestarle atención a Juan.
Al ver esto, Juan no se sintió ofendido. Al contrario, se sentó en el suelo, cruzó las piernas y comenzó a meditar de inmediato.
La energía vital en este lugar era aún más densa que la que había sentido en la zona de Agustín.
Una noche pasó rápidamente, y Juan notó que su cultivación había mejorado un poco.
Justo cuando estaba a punto de salir del Santuario del Dragón, vio que Atanasio y Bernardino se dirigían directo hacia su torre.
Juan