—¿Ya tienes maestro? ¡Dime, quién es tu maestro! Iré a hablar en este momento con él y haré que te unas a mi secta —dijo Arcadio, visiblemente alarmado. Su aura se desbordó por completo, imparable, elevándose en el aire con tal fuerza que el espacio parecía volverse silencioso y opresivo. La totalidad del cielo se oscureció, y solo la figura de Arcadio llenaba la mente y el corazón de Alicia.
Sintiéndose presionada por una fuerza tan aterradora, Alicia, aunque no tenía fuerzas para resistir, apr