—Pierdrita, ¿qué tal si las siete nos casamos contigo cuando seamos mayores?
—¡Está bien! Entonces, cuando yo sea mayor, me casaré con las siete hermanas.
La voz infantil, parecía que fuese ayer.
—Ya basta, no sigas con eso, hermana. Ya que el asunto del lugar aún no está resuelto, ¿qué te parece si mañana aprovechamos el tiempo, para recorrer bien el Valle de los Eternos Susurros y visitar este sitio? He oído que cada año hay muchos turistas que vienen aquí. —Juan le sugirió, sonrojado.
—Vale.