El hombre con la katana alzada se disponía a decapitar al Rey del Rayo.
De repente, una voz imponente resonó en el aire:
—¡En el territorio de Luzveria, no permitiremos que bestias como ustedes causen estragos!
Con el sonido de la voz llegó una gran figura.
Era Juan.
En los últimos días, Juan había disfrutado de una vida tranquila en Mansiones de Ensueño, pasando tiempo con Alicia, Amapola, Marta y los demás, mientras colaboraba en las filmaciones del director Wenceslao. Sus únicas interrupcione