Una vez finalizado el estreno, el auditorio quedó en absoluto silencio durante unos instantes, pero pronto alguien comenzó a aplaudir, seguido por el resto del público. El lugar se llenó con un estruendo de aplausos que resonaban como truenos.
Muchos asistentes se emocionaron hasta las lágrimas, incapaces de salir del estado emocional al que los había llevado la película. Era evidente que esta obra había tocado fibras muy sensibles.
—¡Gregorio, unas palabras!
—Dinos algo, por favor —coreaban al