—¿Entonces, ese viejo maliciosa también fue llamado por ti? —preguntó Juan, con la mirada fija en Bruno.
—Déjalo en paz, — intervino el anciano, poniéndose de pie tras ver cómo Juan había derribado a decenas de hombres con facilidad. Su tono era más firme ahora. —Esto ya no es un simple asunto entre tú y Bruno. Ahora estás enfrentándote a toda la mafia de Puerto Lúmina.
—Señor, cuando uno llega a cierta edad, debería dedicarse a disfrutar de una vida tranquila en vez de involucrarse en peleas y