Juan solo esperaba a ver en manos de quién acabaría la piedra, para después intentar persuadir al nuevo dueño de que se la vendiera. Si la persona se negaba, pues Juan simplemente se encogería un poco de hombros y.… tendría que recurrir a otros métodos.
Todos los presentes mantenían la vista fija en los movimientos del dueño de la tienda, cada uno conteniendo el aliento y enfocándose concentrados en la máquina de corte mientras esta descendía con gran precisión sobre la piedra.
Cuando el primer