Miro hacia mis espaldas y camino sin quitar la vista de encima, luego choco contra alguien, que me toma de los brazos enterrándome las uñas.
—¿A dónde crees que vas? — La voz de Hades me petrifica al instante.
Volteo a verlo temerosa, mi cuerpo tiembla y mi mente se queda en blanco por completo. La expresión que tiene es de enojo y desaprobación absoluta, sus ojos se clavan en mí con tal injuria, que no me atrevo a apartar la vista por miedo a desatar su rabia.
—Hades… no puedes hacerme esto, n