Keyla no podía pensar en otra cosa que no fuera encontrar la puerta que pudo ver cuando Hernán la sacó de su celda, sus pies continuaron. lo largo del extensos pasillo con aspecto victoriano y sombrío hedor.
Cada vez los pasos fueron más veloces, más fuertes, más cercanos, por lo que cuando vió al fin la puerta no dudó en querer abrir, sin embargo no fue posible debido a que funcionaba con una llave, que obviamente no tenía.
Giró sobre su eje, su corazón galopó feroz mientras revisó tales pos